Los capullos descubiertos bajo el cálido sol de un nuevo amanecer, palidecieron a la sombra de tu espera hasta finalmente marchitar, sedientas del agua del riego prometido que nunca llegó.
No vez ni veras las flores crecer llenas de color jardinero, porque con palabras no crece un cerezo, ni se vuelve perenne con promesas una flor de estación.
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